Entre fúnebres jardines y malandrines apátridas, aún se escucha el sonido del grillo y las inocentes batracias, que entre putrefactas corrientes quisieran mantener el agua… ¿Suspendida? Tierra y territorio, ¿quién diría…? ¡Estupefactas! Corriente elitista de indiferencia y destrucción se avalancha con furia a esta emblemática región. Es la metropolitana, que, con sus fauces y garras, no cesa su avaricia; grillos, ranas y cigarras decantan con sus silbos la codicia.
Cantores del alba y de la aurora, que su cántico no desaparezca; canten con fuerza a través de generaciones sin que perezcan, como pasó con las maravillas de otrora; de verdes bosques nativos, de provincia y suma paz, pues ahora el aterrador ruido ya no callará jamás.
Viajeras mis añoranzas en el leve sonido del viento, un susurro, un latido… ¿Hasta cuándo? Mas el ladrido del perro vira en aullido… Ahora es llanto, pues las aves apagaron el canto. ¿Regresarán? No lo se.
En caminos turbulentos el mensaje se perdió. La carta a García no llegó. ¡Qué falla! ¡Fachos, la tierra los vomitará!
Porque esto no es solo un lamento, es el grito profundo de los campos y territorios, que aún resisten, aún sueñan, aún sangran.
